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Jurassic World: El Reino Cinematográfico Caído

Alan Gómez | | México

Junio, 2018

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En un excelente video-ensayo, el canal de Youtube Digging Deeper devela un significado oculto en la popular saga jurásica llevada a la pantalla grande por primera vez hace 25 años gracias al director Steven Spielberg.

La secuela de la cinta original, titulada The Lost World (1997) e igualmente dirigida por Spielberg, básicamente es una metáfora del verdadero reino caído: la taquilla cinematográfica estadounidense.

¿Recuerdas la primera vez que viste un dinosaurio?

En The Lost World, luego del espectacular fracaso del parque original (y el gran éxito de la primera película en el mundo real), Ian Malcom (interpretado por Jeff Goldblum) vuelve con reticencia (igual que Spielberg) a liderar un equipo de especialistas (o cineastas) rumbo a una nueva aventura jurásica para recapturar la magia de la cinta original (o recapturar a los dinosaurios).

Mientras tanto, el villano en turno, un avaricioso productor/empresario pretende cambiar radicalmente las reglas del primer Parque Jurásico (o de la experiencia cinematográfica) y llevar el espectáculo a los hogares norteamericanos, específicamente a San Diego, California; creando un parque de diversiones más pequeño pero capaz de aprisionar al icónico T-Rex (demasiado) cerca de los hogares estadounidenses. 

Es así que la trama de esta secuela evoca el auge de las tiendas de vídeo y la renta de películas durante los 80´s y 90´s. Un fenómeno que “liberó” a los monstruosos “bluckbusters” de las grandes y viejas salas de cine (o el antiguo Parque Jurásico), para que pudieran ser disfrutados en la comodidad del hogar; dando un duro golpe a las tradicional experiencia cinematográfica.

¿Recuerdas la primera vez que viste una película?

Aunque dicho análisis pueda parecer forzado, la cinta que relanzó la saga para las nuevas generaciones (ahora en 3D) y protagonizada por Chris Pratt: Jurassic World (2015), confirma la teoría de la crisis taquillera.

En el universo de Jurassic World, los dinosaurios (como las grandes películas de efectos especiales computarizados) ya no asombran a nadie. El nuevo y superior “safari jurásico” ha estado funcionando desde hace años y aunque algunos puristas aún añoran el parque original, la gran mayoría del público solo quiere ver películas (o dinosaurios) más espectaculares, más grandes, con más “poderes” y más colmillos.

Es entonces cuando se nos presenta al Indominus Rex, un monstruo transgénico hecho con material de diversos dinosaurios (o productos cinematográficos), algo así como la atiborrada Ready Player One (2018) que curiosamente también manufacturó Spielberg, y que explota la nostalgia de cientos de franquicias del pasado, una mezcla audiovisual impresionante aunque más circense que coherente.

Home Alone

Pero a pesar de la llegada de estas nuevas y espectaculares creaciones digitales con universos y remezclas interminables, en 2017 Hollywood sufrió su peor verano en un cuarto de siglo; las ventas domésticas han disminuido mientras plataformas más pequeñas (como velociraptors bien entrenados): Youtube y Netflix ganan control del entretenimiento audiovisual global.

En este contexto, Jurassic World: Fallen Kingdom (2018), llega a las salas mexicanas (y del mundo) como quinta secuela para anunciar un nuevo mundo de monstruos cinematográficos.

La película no es eficiente pero el espectáculo visual (y la dirección a cargo de Juan Antonio Bayona) sí. Su mejor acierto a nivel temático es retomar el dilema moral sobre el derecho que los seres vivos “des-extintos” tienen a ser protegidos y quizás retomar también la extravagante posibilidad de convertir a los dinosaurios (¿O a las Películas?) en amp-adtrumentos armamentísticos.

En ese sentido llama la atención el regreso del Dr. Wu (Interpretado desde la cinta original por BD Wong) el creador original de los dinosaurios: un discreto científico que en esta ocasión trabaja oculto en una mansión misteriosa al norte de California, una amp-adtalación secreta donde se prepara la masificación y venta global de estas nuevas armas biológicas.

Hollywood sells Californication

En un guiño descarado a la historia secreta de Hollywood (y de California), descubrimos que en ese lugar, los patrones del Dr. Wu y herederos de INGEN (la gran compañía ficticia que patrocinó las técnicas de des-extinción prehistórica), llevarán a sus últimas consecuencias la experimentación con los nuevos monstruos transgéncios, incluso si eso significa desatar el poder genético a escala global.

De manera similar, desconocido para la mayoría de los amantes del cine, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos operó su propio estudio cinematográfico experimental y secreto desde 1947, conocido como Lookout Mountain Laboratory. El misterioso lugar ubicado en Hollywood Hills fue “residencia artística” para personajes fundamentales de la historia del pop y la política norteamericana (y global) como Walt Disney, Marilyn Monroe y el actor (y eventual gobernador californiano y presidente de EU) Ronald Reagan.

Aunque Lookout Mountain Laboratory dejó de funcionar hace años, persiste el uso del “entretenimiento” audiovisual como elemento táctico-propagandístico y codirigido por diversos sectores del poder político global (no debemos olvidar que hoy por hoy, en ambos lados de la frontera mexico-americana tenemos tele-presidentes). Por ejemplo, recientemente se anunció que la dupla Obama colaborará con Netflix para entregar series, películas y documentales en la popular plataforma digital: tal vez alguna especie de mortal y sigiloso “Indo-Raptor”. 

Alerta de estropeo (Spoilers) a continuación

En la escena final de Fallen Kingdom, los dinosaurios son liberados en todo el mundo, gracias en parte a la compra de ambiciosos traficantes internacionales. En nuestro mundo, pareciera que es el poder memético del cine el que está siendo liberado, gracias en parte al avance tecnológico, y en parte a la inevitable diversificación del mercado global: la crisis de la cada vez más caprichosa taquilla estadounidense y el ascenso de la taquilla asiática.

Las pinceladas de la nueva hegemonía china, el violento regreso de la cristiandad rusa o el auge de los gigantes de la animación japonesa en las salas de cine (y las pantallas portátiles) son ejemplos de los diversos monstruos audiovisuales que están (re)surgiendo con el respaldo de sus respectivas élites políticas y militares, que sin duda combatirán entre sí para asegurar control cultural regional o global, y quizás para desbancar finalmente al herido rey de los monstruos geoculturales: el cine hollywoodense.


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