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You Were Never Really Here. La fantasía de la violencia creativa

Alan Gómez | | México

Mayo, 2018

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Como argumenté en mi reciente análisis sobre el Episodio VI, los finales cinematográficos donde los protagonistas logran ganar sin el uso de la violencia (Skywalker, interpretado por Mark Hamill al final de la saga original de La Guerra de las Galaxias) son cosa del pasado. 

En la era del 3D, las audiencias demandan conclusiones espectaculares que incluyan un emocionante combate contra el villano, junto a la devastación de una ciudad en medio de un ataque terrorista apocalíptico (casi siempre) del espacio. Estas visiones de destrucción, que pueden encontrarse fácilmente en el cine del “universo de Marvel” o el “universo de DC”; evidentemente son consecuencia de un suceso real que cambió drásticamente nuestra realidad a principios del Siglo XXI. 

Como explica el crítico de cine, Robbie Collin, la imagen del ataque terrorista contra las Torres Gemelas en Nueva York apareció, desde sus primeros momentos, como "algo sacado de una película". Las estampas de humo y escombros producidas durante y después de aquel fatídico 11 de septiembre se convirtieron en una marca psicológica visual traumatizante, por lo que resultó inevitable reimaginarlas como fantasías heroicas a modo de catarsis en el cine de acción y fantasía hollywoodense. Un ejercicio audiovisual que continúa desde La guerra de los mundos (2005), a la fecha.

Sin lugar para los débiles

Pero de forma paralela, los héroes más “convencionales” (los vaqueros/justicieros/policías o simplemente los seres humanos, por ejemplo el reservado paleontólogo Alan Grant, interpretado por Sam Neill en la primera entrega del Parque Jurásico) resultan también amp-aduficientes para lidiar con el nivel de la devastación terrorista. Es por esto que los personajes “humanos” han sido descartados en las superproducciones, para dar paso a los cuasi-divinos héroes del cómic. O en su defecto, a los imbatibles “veteranos de guerra”, que poco tienen que ver con los veteranos del mundo real y más bien remiten a la ficción caballeresca de los seductores e invencibles oficiales/espías al estilo 007 (y tenemos otro ejemplo en la franquicia jurásica: como sea que se llame el personaje de Chris Pratt). 

Así como se ha vuelto tradición que los “blockbusters” incluyan la destrucción terrorista de una ciudad, un país o la Tierra; resulta cada vez más difícil ver una representación realista de un veterano de guerra en una película norteamericana. 

Afortunadamente, la nueva y excelente película de Lynne Ramsay: You Were Never Really Here (2017), o “Nunca estarás a Salvo”, ha llegado a las salas mexicanas y retrata de forma ejemplar semejante personaje, no sin la ayuda del extraordinario Joaquin Phoenix.

La cinta, que cuenta la historia de un soldado convertido en vigilante y protector de las víctimas infantiles del trafico sexual en Nueva York, ha sido comparada inevitablemente con Taxi Driver (1976), donde el también veterano (de Vietnam) Travis Bickle hace de la ciudad neoyorquina su coto de caza contra grupos criminales muy similares.

Sin embargo, la manufactura de los personajes, y en particular, el retrato psicológico del protagonista que la directora Ramsay nos presenta es, a mi parecer, de una complejidad y profundidad superior; similar al tono que la autora ya había manejado en otra de sus películas, la también eficiente y oscura Tenemos que hablar de Kevin (2011).

Ambos personajes, Kevin y Joe (interpretado por Phoenix) son tan fascinantes como repulsivos; a diferencia de “Travis”, el taxista “forajido” que incluso se ha convertido en una especie de “anti-heroe” de culto.

Si bien Taxi Driver contiene elementos cinematográficos envidiables (como todo el cine de Scorsese); You Were Never Really Here aborda con mayor exactitud lo que significa “volver a casa” del infierno de la guerra.  

En el año 2012, un análisis del propio ejército estadounidense, reveló un aumento sustancial: hasta 80% más suicidios entre los militares, luego del inicio de los escenarios bélicos de Afganistán e Iraq (invasiones y “consecuencias” también del 11 de septiembre). Aumentos parecidos se han registrado en los casos de depresión, ansiedad y otras afectaciones en la salud mental de los soldados, generando un cóctel explosivo que ha costado la vida incluso de los modernos (y reales) “héroes” norteamericanos, Chris Kyle, el American Sniper (2014), es un ejemplo. 

Postraumático

La cinta dibuja, con una eficiencia que cautiva, el caso particular de un misterioso soldado al borde del precipicio mental. Y presenta imágenes de locura como deben de ser: como la vida normal pero amplificada. Como la voz de un padre violento y autoritario que aparece constantemente en la forma de los recuerdos más dolorosos de la infancia, la propia madre del protagonista siendo atacada por el cobarde que debió haberla protegido, los primeros amp-adultos que recibió de niño y que vuelven a escucharse dentro de su mente: “¿Qué no eres un hombre? Solo los maricas se encorvan”.

Irónicamente serán esos susurros de esquizofrenia violenta los que evitarán que Joe, interpretado de forma magistral por Phoenix, pueda suicidarse en paz. Joe quiere quitarse la vida porque cada contacto con el mundo exterior es tan absurdo e incensario como esa guerra que comenzó a destruirlo por dentro. Cada mirada, incluso cada momento íntimo, parece anteceder a otro brote psicótico.

Y tras esa voz suave y calmada: el silencio del desierto y el de los cuerpos pequeños que también regresan una y otra vez a su cabeza. Sobre todo las niñas, asesinadas, enjauladas, probablemente abusadas, sus rostros desencajados por el asco y el terror se han quedado fijados en la memoria; porque Joe fue, seguramente, responsable también de dicho sufrimiento. Y, si la suma de dinero es la correcta, será responsable también de rescatar a otras (no muchas otras) víctimas, las hijas de sus clientes.

Pesadilla americana

Pareciera entonces que la directora Lynne Ramsay, al adaptar la novela homónima de Jonathan Ames, nos entrega otra fantasía en You Were Never Really Here. La fantasía de los soldados estadounidenses destrozados por la guerra, pero cuyas pesadillas al menos sirven como el combustible de la justicia más violenta que debe caer como un martillo ensangrentado sobre los inhumanos y poderosos criminales de la élite corporativa y política.

Y al igual que en Taxi Driver, donde al final el héroe derrota a los villanos y rescata finalmente a la chica en peligro, se nos entrega una muy bella fantasía. Probablemente un capricho que la mente enloquecida obsequia después de apuntarte en la cabeza y antes de jalar por fin el gatillo. Nunca estarás a salvo.


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