El aparentemente ausente



Ya llegó el que andaba ausente// se le concedió volver, dice la canción de quien siempre está en las jugadas  malévolas del país. Enrique Peña Nieto dijo que no se metería en la elección presidencial cuando le preguntaron qué opinaba de las declaraciones de Ricardo Anaya que metería a la cárcel al de Atlacomulco si había violado la ley  y de la carta de los 57 periodistas y escritores que denunciaron el uso faccioso de la PGR contra opositores. 

Además, les indicó a los medios no se enganchen en esos pleitos. Como si los informadores inventaran historias, algo que si realiza el equipo que trabaja en Los Pinos.

Un grupo muy plural, incluidos quienes reciben cantidades millonarias de publicidad oficial, entre los que se cuentan los directivos de los mensuarios: Letras Libres y Nexos, dio a conocer un desplegado  donde leemos: no es conveniente “el uso de la Procuraduría General de la República para perseguir a un líder de oposición,  pone a México países junto  con regímenes autoritarios,  democracias totalmente disfuncionales. Usted presidente Peña Nieto es la máxima autoridad responsables de este proceso (electoral). En 2005, el intento de desafuero de Andrés Manuel López Obrador abrió brechas de polarización  en la sociedad, que aún dividen y lastiman la convivencia social en el país”.

Bravo, muchos ahora condenan la jugarreta de Vicente Fox, Mariano Azuela, presidente de la SCJN; Diego Fernández de Cevallos, líder el PAN y ahora maestro de Ricardo Anaya, y la PGR contra un opositor que se negó a un acto judicial, pero al cual se le quería impedir participar en los comicios de 2006. Algo que ahora se intenta, de otra manera, con Ricardo Anaya, al cual necesitamos defender, independientemente de nuestras discrepancias, ya que no es justo que el poder omnímodo del Presidente se muestre  sólo para tratar de imponer a José Antonio Meade, el sujeto que no levanta  ni con grúa, a pesar de que su padre Dionisio, invitó a Diego a comer tacos y hotdogs, y el barbudo aceptó de mil amores.

Que la PGR de Elías Beltrán es una institución de operación electoral, nadie lo duda. Que el INE y el TEPJF son parte de una conspiración en contra de la democracia, lo vimos en los pasados comicios del estado de México y Coahuila. Que el ciudadano Meade es un títere de grupos diversos ligados a los de Atlacomulco, lo demuestra él cinco veces secretario en cada acto de campaña. Que hay una ruptura en la cúpula política, está  clarísimo.

Pero que el desgaste del poder más alto es una realidad, lo vemos cuando el PAN reclama que el 70 por ciento de los contratos federales hayan sido  discrecionales;  o sea,  que se dieron a partir de las concesiones que se hacían a los cuates, los compadres, los amigos y las empresas fantasmas.  

También,  ahora Morena persigue la huella de la corrupción a través del ramo 23 de la Secretaría de Hacienda, el cual ha posibilitado que más de 400 mil millones de pesos en este sexenio se hayan otorgado de manera facciosa a entidades que son sumisas al poder ejecutivo. Es decir, estamos ante la capitulación  de la política a la tecnocracia hacendaria que sirve al señor de Los Pinos, aunque también le cobra regalías, ya que luego tiene que proponer a esos tecnócratas a puestos internacionales, como en los casos de José Ángel Gurría y Agustín Carstens. Por cierto, de esa camada es José Antonio Meade.

Este personaje (José Antonio) que es hijo de un priista de mala fama, Dionisio Meade, ahora trata de ser burlón y hasta contestador. Dice que a Ricardo lo persigue el fantasma de la corrupción y a Manuelovich el de no pagar impuestos. Tiene pésima memoria en el segundo caso, ya que Meade  estuvo en Hacienda y jamás emprendió una cruzada contra el Peje debido a la evasión de impuestos.

Por eso, los caricaturistas Rapé de  Milenio (5 de marzo) y Hernández de La Jornada (igual fecha), sin ponerse de acuerdo le recetaron sendos cartones en donde lo ubican como un verdadero fantasma, en el tercer lugar de preferencias y bajando (ver la reciente encuesta de Parametría). Y es que Pepe entró en un pantano llamado Peña Nieto, en tanto más se mueve se  hunde  sin cesar.

Una serie de columnistas habían asegurado que Peña Nieto era un regular  político, aunque un magnífico operador electoral. Seguramente él se creyó lo que opinaban a quienes les dio millones de pesos con el fin de que lo elogiaran. Pero resultó todo lo contrario. En tiempos de redes sociales los manipuladores  antiguos no saben qué hacer  para subir los bonos de sus protegidos. Por lo tanto, hoy se reclama con insistencia  una mayor  presencia de la señora Alejandra Lagunes, ex de Televisa y esposa de Rafael Pacchiano, el inútil secretario de Medio Ambiente.

Pero ni con  ella se  evitará lo que ya se sabe: que el PRI vaya en franco descenso. 

Tanto que Banamex ha dicho que López Obrador está en una situación mejor que en 2006 y que los votantes actuales buscan un cambio drástico. Así como que el 60 por ciento de los ciudadanos está  contra las reformas estructurales de Peña Nieto. Más mezcla,  maistro, dijera el vulgar.

 




Jorge Meléndez Preciado

Jorge Meléndez Preciado

Economista de la UNAM, ex-presidente (86-88) de la Unión de Periodistas Democráticos y colaborador en diversos medios de comunicación

@jamelendez44

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